La cultura del prisma

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Babuinos en el parque natural de Amboseli (Kenia, 2017) © Miriam Sanz Jiménez

Por Miriam Sanz Jiménez

Hace aproximadamente cinco años, tal vez seis, después de formarme en la docencia y en la psicología, decidí ser periodista. Al contrario que otros compañeros no me metí a ciegas. Sabía perfectamente de la crisis feroz en el sector, que muchos acaban abocados al marketing, que otros ni siquiera trabajan en los medios de comunicación y que, aun siendo así, uno tiene que teñirse del color de la línea editorial y encasillarse en un ideario político. Así que lo mío fue una apuesta arriesgada o un suicidio de consecuente locura, pero impulsado por una necesidad; la de transmitirle al mundo la realidad en la que vivimos.

Hace tiempo que me encuentro con una doble visión del paradigma del desarrollo humano. Por un lado, vivimos en un mundo culturalmente construido, dominado por el capital, el intercambio de personas y conocimientos y empujado por las modas y las necesidades de consumo para satisfacer el sentimiento de pertenencia que sólo se obtiene a través de la exhibición de lo material y lo intelectual. Por otro, está el mundo real del que no sabemos absolutamente nada.

Casi nadie de a pie conoce los procesos de alimentación de las plantas, cómo se forman las montañas y los valles; por qué es importante que haya biodiversidad en un ecosistema, qué significa que no la haya, o qué ocurre cuando se alteran los ciclos regenerativos de las selvas o los bosques. Muchas personas desconocen que la mayor parte del oxígeno no viene de los árboles sino de los océanos. Esa es mi realidad y la de todos.

Todos vivimos en el mismo mundo y es un lugar del que no sabemos ni comprendemos nada.

Aún asociamos el problema del cambio climático al iceberg derretido con el oso polar raquítico, a miles de kilómetros de casa. No obstante, la contaminación atmosférica mata a más personas que el tabaco en todo el mundo. El agua que bebemos o los animales y plantas que comemos también están adulterados por los procesos de producción. Y es algo que debería estar encabezando las agendas de los medios de comunicación y de la preocupación de las personas para exigir una buena calidad de vida. Es triste y un poco “orweliano” pensar en que nos preocupa más la marca de la ropa, coche o móvil que lo que comemos, respiramos y, al fin y al cabo, donde vivimos. Y a eso llamamos progreso.

Para más inri, hemos aceptado que para que unos cuantos vivan así (no me incluyo, ya que considero que el hecho de comer diariamente y tener un techo no es tener calidad de vida) el resto de las personas ha de hacerlo por debajo del respeto a los derechos humanos y la cultura del trabajo arrasa en el top de la dignidad. El 1% de los ricos del mundo acumula el 82% de toda la riqueza global. Y nos hemos acostumbrado a ello mientras el sistema nos permita escalar para pertenecer, o creer que pertenecemos, a ese estatus superior.

Y como nunca me sentí cómoda en el mundo irreal decidí cambiar el prisma.

Me zambullí en el océano Pacífico; vi a las tortugas golfinas correr hacia el mar nada más nacer; observé la destrucción de los manglares colimenses en México; fotografié la gran migración de ñus en el Serengueti; hice una expedición en un barco científico que estudiaba la migración de las ballenas jorobadas; comí pescado en la playa escuchando a las comunidades indígenas compartir la cultura de la tierra con los más pequeños (yo incluida) y un largo etcétera de experiencias que están conformando mi forma de entender la vida.

Porque hay muchas formas de entender la vida, y cuando consigues romper el sesgo cultural y etnocéntrico y ver a través de los ojos de los demás, siempre con respeto y humildad, es increíble. Destruyes en tu cabeza la idea de “la verdad” o “lo correcto”. Y un mundo de posibilidades en las que jamás habías pensado; se abre en tu mente.

Ver un gorila en su hábitat, bañarse con tortugas y delfines en aguas cristalinas u observar a un elefante en libertad se están convirtiendo en lujos al alcance de muy pocos cuando no debería ser así. Ellos estaban primero. La belleza del mundo no está en venta. Con todo, cuanto menos quede, mayor será también el negocio que genere, eso sí, al alcance de ese 1%. ¿Es el mundo que queremos dejar a las generaciones que vienen?

Mi expectativa de vida la verdad es que no es gran cosa. Sé que no me voy a hacer rica diciéndole a la gente qué pueden hacer como individuos para convertir este lugar en un sitio mejor y más habitable. Sé que a pocos les importan los gorilas o las ballenas. A mí sí me importan. Y he decidido que voy a vivir en ese lado del mundo. En el mundo real.

Hasta ahora todo eso lo he ido financiando trabajando en incontables cosas y perdiendo incluso algo de dignidad por el camino. Pero cada puesta de sol bien valía por esos cinco euros la hora. Ahora soy periodista.

Y estoy centrando la viabilidad de mis proyectos en posibles becas de movilidad internacional, trabajos cooperativos, presentando reportajes y piezas a concursos, y buscando trabajos freelance que me permitan viajar; por ejemplo trabajos de copywriter, generando contenidos para webs y blogs de forma remota, y buscándome la vida en general. No descarto experiencias de voluntariado que me acerquen a lugares que quiero conocer y donde poder escribir. De momento, voy volcando mis experiencias en el blog Marea Roja, que algún que otro fruto va dando.

Con todo, la expectativa es esa. Sentir el viaje. Conocer, saborear cada minuto y cada nueva sensación. Explorar el mundo en el que vivo, renunciando a esos cimientos básicos y a esa parcelita de seguridad. No quiero que un banco me diga lo que puedo y no puedo tener: porque las cosas que quiero tener, la mayoría, no se compran con dinero. Una vez aprendes algo así y te deshaces del miedo a la vida, a la jubilación, al qué dirán, al futuro, empiezas a vivir y a disfrutar del presente.

Quiero estar del lado de las personas que no tienen voz y aprender de ellas. Quiero envejecer sabiendo que hice lo que tenía que hacer y que, como comunicadora, no me dediqué a la chorrada y a la pantomima; quiero creer que hice lo correcto del lado correcto. Y sé que el periodismo ambiental y social me va a llenar la sonrisa como nada material puede hacerlo.

 

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Comunicado APE – AIE

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Desde la Asociación de Informadores de Elche (AIE) y la Asociación de Periodistas de Elche (APE) declinamos la propuesta lanzada en nota de prensa y redes sociales por el Partido Popular local con respecto a la organización de un cara a cara electoral entre los candidatos del PP y PSOE a la alcaldía. Ambas juntas directivas entienden que el formato planteado no refleja la actual pluralidad política y que los nuevos tiempos necesitan otro tipo de formatos más acordes a la realidad social.

Ambas asociaciones entienden asimismo que el derecho al acceso de la ciudadanía a la información de los distintos planteamientos políticos está garantizado con el trabajo del colectivo de profesionales de la comunicación local, por lo que no es necesario que sea alguna de las asociaciones la que se encargue de realizar estos debates cuyo planteamiento obedece a otros tiempos. Sendos colectivos tienen su actividad y programación propia, con algunas iniciativas previstas de cara a estos comicios.

Tanto la AIE como la APE tienen sus objetivos particulares y no deben ser utilizadas como un instrumento para las campañas de los diferentes partidos, deben mantenerse imparciales y, en todo caso, generar un debate a la sociedad —y sus asociados y asociadas— que pueda resultar de interés desde sus propias iniciativas.

 

Manifest periodistes i fotoperiodistes feministes 8 de març

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Companyes de la APE i Informadores de Elche, en la lectura del manifest a Elx

Des de l’associació ens sumem al manifest per un periodisme sense masclisme de Les Beatrius, la xarxa de dones professionals de la comunicació al País Valencià per un periodisme feminista:

“Les periodistes i fotoperiodistes valencianes ens sumem a la vaga i a les actuacions programades pel Moviment Feminista al voltant del 8M. A les 1.000 raons que avalen el malestar de les dones que lluitem per la igualtat afegim les moltes causes que les professionals de la comunicació considerem entrebancs a l’hora d’exercir el nostre ofici amb la llibertat i la responsabilitat social imprescindibles. Més encara en uns moments en què proliferen les “notícies” falses distribuïdes amb clares intencions partidistes i d’incitació a l’odi cap a les dones reivindicatives. I el pitjor de tot no és que amb aquestes campanyes s’intoxiquen les xarxes, el problema es fa més greu en el moment en què els mitjans de sempre “compren”, validen i difonen les mentides sense molestar-se en investigar i contrastar…”

MANIFEST, sumeu-vos!

#periodismesensemasclisme
#capgiremelsmitjans
#DonesPeriodistesVaga8M
#DonesFotoperiodistesVaga8M
#Vaga8MPV

La era de los ‘prosumidores’ o productores en red. ¿Profesión periodística en riesgo de extinción?

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Por Antonio Sánchez Vicente 

A principios de los años 90 comenzaba a implantarse una nueva tecnología en los medios de comunicación social, principalmente en las emisoras de radio y TV, pero también en la prensa escrita. Recuerdo cuando en las emisoras musicales, el locutor o la locutora de turno, decía aquello de “estás escuchando música en sonido compacto y formato digital”, dejando claro a los oyentes que no escucharían aquel sonido tan particular que emitía la aguja cruzando el surco sucio o desgastado del disco. El vinilo daba paso, poco a poco, a un nuevo formato sonoro en el que, sin duda alguna, una nueva revolución tecnológica empezaba a ocupar terreno. Los ordenadores empezaron a sustituir a aparatos como los reproductores de cintas, casetes y cartuchos publicitarios.

En tan sólo una década la radio y la TV comenzaron a cambiar para sus seguidores, pero también la forma de trabajar. El perfil profesional del técnico de sonido pasó a ser historia en las pequeñas y medianas empresas del sector. A la vez que ocurría todo esto, la presencia de estudiantes de Periodismo o Comunicación Audiovisual comenzaba a ser cada vez mayor en los medios de comunicación. Cuando al fin todo parecía tranquilizarse en el sector, la expansión de Internet con los ordenadores personales, la telefonía móvil y las primeras comunicaciones en redes provoca un cambio significativo en la comunicación social.

Con el tiempo los avances tecnológicos dan paso a la era digital provocando que los medios de comunicación empiecen a sentirse amenazados por los nuevos hábitos de consumo en la sociedad. La prensa escrita pasa a leerse en formato digital, el papel deja de ser atractivo para una parte de la población que prefiere pasar las pantallas de sus dispositivos, a pasar las hojas. La llegada de plataformas musicales se convierte en una seria amenaza para la radio fórmula. De hecho, ya se puede hacer radio en directo en redes incluso de forma simultánea en varias a la vez. Y la emisión en streaming de nuevos formatos televisivos hacen que la TV a la carta sea una realidad.

Las redes sociales se convierten en serios competidores de los medios de comunicación y ante todo esto las empresas empiezan a subirse al carro. Incluso a la profesión periodística le sale un nuevo competidor, el prosumer o ‘prosumidor’: mitad productor, mitad consumidor.

El ‘prosumidor’, sin necesidad de pasar filtros ni códigos deontológicos, publica en redes haciendo uso de su libertad de expresión que le amparan las leyes. Y ese derecho fundamental que da sentido a una sociedad democrática cobra sentido sin que, en la mayoría de los casos, estas personas sean conscientes de ello. Pero, ¿quiénes son verdaderamente las personas ‘prosumidoras’?

La respuesta es bien sencilla, toda o casi toda la ciudadanía que no se encuentra afectada por la brecha digital y accede a diario a las redes sociales dando rienda suelta a su libertad expresión. Opinar y producir en línea es la base principal de este nuevo perfil. Los ‘prosumidores’ generan nuevos debates, incluso producen noticias con la publicación de fotografías y vídeos de creación propia.

Muchas de estas producciones también se reproducen en los medios de comunicación tradicionales al ser el único documento que puede dar valor a una noticia. Las autorías no son reclamadas (salvo en algunos casos) y los derechos de la propiedad intelectual no tienen especial interés entre una parte de estos nuevos productores. No importa la calidad de los documentos o archivos que se suben a la red, ni siquiera si se vulnera el derecho fundamental de protección de la personalidad, la intimidad, el honor o de la propia imagen.

La proliferación de las fake news (noticias falsas) o los grupos sociales que generan opinión entre el resto de la ciudadanía están dando un giro significativo al concepto de comunicación tradicional.

Los líderes políticos se pronuncian antes en las redes que en los medios y, dependiendo de la notoriedad de la noticia, ésta termina también en los medios tradicionales. Si a todo esto añadimos que ahora la producción en directo, tanto en formato de vídeo como en audio – el equivalente a la TV y la radio- es una realidad al alcance de todas las personas, los medios de comunicación social deben empezar a plantearse en serio la convergencia de sus contenidos a las múltiples plataformas y pensar en una nueva estructuración empresarial.

Y, en ese avance, los profesionales del sector también han de hacerlo. Sin duda alguna estamos ante un cambio significativo sin precedentes en la comunicación tradicional. Nuevos formatos y formas de consumo impensables hasta hace unos años se imponen a los métodos tradicionales.

La profesión periodística no puede quedarse cruzada de brazos. Dar la espalda a la realidad esperando la llegada de un tsunami tecnológico que arrase con todo no es lo más conveniente. Es tiempo de reflexión, de formación continua, de acción inmediata y de saber hacer las cosas tal y como demanda la sociedad actual. Todo va muy rápido y lo que tarda en contarse deja de ser actualidad. Innovar constantemente, mejorar los formatos que ya funcionan y dar un nuevo aliento al sector es necesario. Ahora no hace falta ser periodista para ser una persona influencer en la información. No perdamos el tren de la oportunidad ni de vista lo que está por llegar.

Antonio Sánchez Vicente es empresario de comunicación online y estudiante del Grado de Comunicación en la Universitat Oberta de Catalunya. 

Convivencia APE

Día de convivencia de la Asociación de Periodistas de Elche en el Centro Social El Derramador, en el Camp d’Elx, para encontrarnos, conocernos y compartir; consolidar el grupo y, así, establecer líneas de actuación para 2019; seguir apostando por el periodismo y buscar formas de cooperación.

Programa

 

¿Soy periodista si tengo título pero no ejerzo?

Periodistas de Elche, en una multitudinaria rueda de prensa. Cristina Medina
Periodistas de Elche, en una multitudinaria rueda de prensa. Cristina Medina

Por Javier Pascual 

La Real Academia de la Lengua (RAE) acaba de modificar el significado de la palabra periodista. Hasta ahora se contemplaban dos acepciones:

  1. Persona legalmente autorizada para ejercer el periodismo.
  2. Persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión.

Desde hace unas semanas, periodista es:

  1. Persona que se dedica al periodismo.

Y periodismo:

  1. Actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio, escrito, oral, visual o gráfico.
  2. Estudios o carrera de periodismo.

Entre otros, el cambio ha sido aplaudido por el vicedecano de Investigación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, Ramón Salaverría, quien propuso renovar la definición de periodista por considerarla obsoleta en 2015.

La nueva definición de periodista parece de Perogrullo. ¿Pero es periodista todo aquel que se dedica al periodismo?

Evidentemente la capacidad de tratar, interpretar y difundir informaciones no es exclusiva de los licenciados o graduados en Periodismo. La mejor periodista con la que he trabajado es licenciada en Química.

Si bien en una profesión con demasiado intrusismo, también creo que los titulados en el asunto tenemos el derecho y la obligación de reclamar nuestra inclusión en la definición de periodista, salvo que queramos devaluar nuestro título universitario y nuestros estudios. Si es así, vayamos cerrando todas las facultades de periodismo que han proliferado como setas por todo el país en los últimos años.

Acudo nuevamente a la RAE.

Médico: Persona legalmente autorizada para ejercer la medicina.

Arquitecto: Persona legalmente autorizada para ejercer la arquitectura.

Abogado: Licenciado en derecho que ofrece profesionalmente asesoramiento jurídico y que ejerce la defensa de las partes en los procesos judiciales o en los procedimientos administrativos.

Las dos primeras definiciones comparten sentencia con la antigua de periodista: “persona legalmente autorizada para ejercer”. Parece evidente que la legalidad deriva de su título universitario que acredita los conocimientos de medicina o arquitectura. No me imagino a ninguno de estos colectivos reclamando a la RAE el cambio de estas definiciones por obsoletas. Es más, estos días estamos asistiendo a un debate sobre la contratación por parte de las administraciones públicas de médicos (licenciados) que no han hecho el examen de Médico Interno Residente (MIR). Se podrá discutir si es o no necesario haber superado la prueba, pero médicos, lo son.

En el caso de los abogados, no basta con tener la licenciatura o el grado, según la definición de la RAE. De hecho, los colegios de abogados, y el de Elche es un ejemplo, disponen de una Escuela de Práctica Jurídica para la formación de los licenciados en Derecho en el ejercicio profesional de la abogacía.

Hay que reconocer a la nueva definición de la RAE que nos pone ante la realidad de nuestra profesión. Aquí puede ser periodista cualquiera. No hace falta tener titulación como es obligatoria para médicos, arquitectos o abogados. Pero, ¿en qué situación quedamos entonces los titulados?

Si trabajas en un medio de comunicación eres periodista. No hay duda. Ejerces la actividad profesional consistente en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones.

Sin embargo, ¿qué ocurre si estás en paro, situación laboral que comparten en la actualidad miles y miles de licenciados? Como no desarrollas una actividad profesional y, por lo tanto, no te dedicas al periodismo, ¿no eres periodista? ¿Y quienes han acabado haciendo la muy socorrida gestión de redes sociales, han terminado en otras actividades debido a la crisis del sector o han abandonado la profesión por decisión propia?

Recuerdo que la definición del término provocó un gran debate durante la gestación de la Asociación de Periodistas de Elche y no ocultaré que, a pesar de la incomprensión que el asunto pueda generar entre los no licenciados, la opinión mayoritaria era de máximos. Periodista es exclusivamente el licenciado en la materia.

Finalmente, y así se recoge en nuestros estatutos, acatamos la fórmula que establece la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) que en el artículo 4.5 de sus estatutos establece que “se considera periodista a quien está en posesión de un título (licenciatura u otro superior de carácter oficial para el que se exija tener una licenciatura) expedido por una Facultad de Periodismo, Ciencias de la Información o denominación equiparable, de cualquier universidad española o extranjera con titulación homologada en España, así como a quienes posean el título de periodista expedido por las extintas Escuelas de periodismo y a los que en el momento de aprobarse estos Estatutos figuren inscritos en el Registro profesional de Periodistas de la FAPE”.

La disposición adicional única de sus estatutos añade que “con carácter excepcional, las Asociaciones federadas podrán solicitar a la Federación autorización para admitir como socios a quienes sin estar en posesión de la titulación a que se refiere el artículo 4.5 de estos Estatutos, ejerzan el periodismo de forma continuada y como principal medio de vida”.

La APE renueva su junta directiva

La Asociación de Periodistas de Elche (APE) acaba de renovar su junta directiva. Se trata de la primera renovación de cargos después de su fundación, en octubre de 2015. El equipo actual está formado por siete periodistas, en activo en diferentes medios, plataformas e instituciones. En la mayoría de casos, repiten con respecto a la formación anterior, quedando de la siguiente manera:

Pablo Serrano Canals, presidente; Maribel Hernández Sánchez, vicepresidenta; Alexandra Murcia Navarro, secretaria; Esperanza Blanc García, tesorera; Lorena Escandell Carbonell, vocal; David Sevilla Alarcón, vocal; José Ramón Esquinas Ruiz, vocal.

La APE mantiene su carácter reivindicativo, estableciendo como objetivo principal la dignificación de la profesión, sumida en condiciones extremadamente precarias, que han ido a más en los últimos años, tanto en los medios de comunicación como en los servicios de comunicación de empresas e instituciones. Asimismo, seguirá ofreciendo charlas y talleres formativos, además de proporcionar recursos, materiales y otras información de interés, como ofertas de trabajo, a sus asociadas y asociados.

La asociación sigue trabajando de una forma asamblearia y horizontal para fomentar la participación del grupo, ya que entiende que la defensa de los derechos pasa por la implicación activa del colectivo en su conjunto.

Por otra parte, la nueva Junta agradece a la primera presidenta de la APE, hasta ahora en funciones, Cristina Medina, directora de contenidos en Radio Elche Cadena SER y Elche TV, su destacada labor al frente de la asociación  por su sacrificio en los primeros años para sacar adelante numerosos proyectos con el colectivo.

Desde 2015 hasta el pasado 2018, la APE ha organizado charlas-debates con el director de ComScore, Jaime Agulló; con el conocido Premio Libertad de Expresión 2016, Fernando Urruticoechea; las periodistas de la Transición Rosa Solbes y Esperança Costa o con las periodistas Virginia Mendoza y Noemí López Trujillo tras la publicación de sus libros, entre otras. Además, también ha acogido las experiencias de periodistas refugiados como el turco Mehmet Siginir o el hondureño Milthon Robles en colaboración con Amnistía Internacional. Respecto a otras actividades, también ha organizado exposiciones como Memoria de Sarajevo, de la periodista Aurora Gilabert, así como presentaciones de nuevos medios como El Salto

Nueva Junta Directiva APE

Presidencia: Pablo Serrano Canals

Periodista de Alicante Plaza, donde cubre información local, política y urbanismo de Elche, además de cultura a nivel provincial. También escribe sobre música en Hipersónica y colabora con la redacción valenciana de El Salto.

Vicepresidencia: Maribel Hernández Sánchez

Periodista e investigadora especializada en derechos humanos y comunicación para la paz. Colaboradora de eldiario.es. Ha recibido varios premios de periodismo nacionales e internacionales por sus reportajes. Fue cofundadora de la revista local El Taladro y redactora del diario Información.

Secretaría: Alexandra Murcia Navarro

Periodista de Alicante Plaza encargada de información de Orihuela y Vega Baja. Ha pasado por periódicos como Información, donde cubrió Baix Vinalopó, y radios como la SER y Onda Cero en Alicante.

Tesorería: Esperanza Blanc García

Periodista, actualmente responsable de desarrollo corporativo en la Agencia Casanova y previamente estuvo varios años trabajando con la información local en Radio Elche Cadena SER.

Vocales: Lorena Escandell Carbonell

Periodista social. Autora de la Agenda d’Expertes de la Unió de Periodistes Valencians. Acompaña a diversas organizaciones sociales en sus procesos de comunicación, además de formar en alfabetización mediática y comunicación no sexista. Participa en diferentes proyectos de comunicación con perspectiva de género.

David Sevilla Alarcón

Director de comunciación en la agencia Savour Records, anteriormente ejerció como redactor en la delegación de Elche del diario La Verdad y fue corresponsal en Vega Baja y Medio Vinalopó en la extinta televisión comarcal ÚNICA TV.

José Ramón Esquinas Ruiz

Periodista en el diario Información, donde cubre actualmente Baix Vinalopó.