Periodistas contra la precariedad: organizarse es necesario, pero no suficiente

Concentración de los trabajadores de El País Catalunya en la puerta del diario en repulsa a las cargas del 1-O
Por Pablo Serrano

La vuelta al cole ya está aquí (hablo en nombre de aquellos que tenemos vacaciones en septiembre), con un panorama político más cargado que nunca a nivel estatal, y más o menos con la misma situación local con la que dejamos Elche antes de las vacaciones. Y aunque parezca mentira, hay un hilo conductor entre ambos panoramas: poco se habla —veladamente, supongo— de las condiciones de vida de trabajadores y trabajadoras, ciudadanía, gente, pueblo, podemos llamarlo como queramos. Estos días vivimos también una disputa sobre algunos términos. Pero entre todo ese totum revolutum de términos también entramos nosotros, los y las periodistas.

Y ante un marco laboral tan jodido (por no hablar del político, eso ya es otro cantar), tiendo a hacerme preguntas que me vienen a la cabeza cada cierto tiempo. Una de ellas es qué podemos hacer como periodistas para mejorar nuestras condiciones, pues nuestro oficio ya estaba en crisis antes de que viniera la Crisis™. Y como ocurre con el resto de situaciones laborales, sólo se me ocurre una, organizarnos colectivamente. La única que ha habido. Dentro de esa podemos manejarnos en dos escenarios: afiliarse a algún sindicato, que es la mejor forma de presionar y defenderse frente a la erosión de derechos —en mi opinión—, u organizarse en asociaciones, como hemos hecho en la APE, sabedores, eso sí, del complejo marco en el que nos movemos. Como digo, lo primordial, organizarse.

Durante los últimos años, hemos visto despidos o recortes prácticamente en todos los medios locales de la ciudad, y eso en el caso de los que aún siguen vivos. Pensando acerca del futuro de la asociación o el oficio siempre me viene a la mente lo mismo, si pudimos haber hecho algo contra el cierre de La Verdad. Lo suyo fue un caso de manual: recorte de plantilla, falta de recursos para hacer un periódico en condiciones, rentabilidad baja, cierre. ¿Podríamos haberlo evitado? Con casi total seguridad, no. Pero sí podríamos haber hecho algo más todos, y no hablo en nombre de la asociación, sino de los y las periodistas que trabajamos en la ciudad. Ni una concentración. Poco más que algún comunicado en redes sociales o blogs.

¿Es eso lo que vamos a hacer para combatir la precariedad y dignificar la profesión? ¿Unos párrafos testimoniales? Siempre se suele hablar de la precariedad de la gente joven, de la temporalidad del verano, del trabajo en la hostelería. Está hecho todo un cristo, sí. ¿Pero y qué hay de quienes ejercen el periodismo? Trabajos sin contrato, contratillos en un limbo legal, el clásico de hacer más horas de las que tienes estipuladas, la figura del falso autónomo… Pero ya se sabe, con la cantidad de paro que existe, siempre hay alguien dispuesto a hacer tu trabajo por cuatro pesetas menos. O algún becario que quiera los créditos de las optativas.

Si pretendemos hacer algo por mejorar la situación, deberíamos dejar de guardar silencio ante despidos, EREs u otros abusos que hemos visto durante estos años

Y ante esa lógica empresarial que está aplastando el periodismo, no sólo nos encontramos con situaciones como la de La Verdad, sino otra que inquieta, que es la falta de solidaridad entre nosotros mismos. Quizá esclavos de ese “no abras la boca, no sea que te toque”, falta de empatía porque no ha existido ese sentimiento como colectivo, o pasividad, simple y llanamente, “cada uno a lo suyo y a mí que me dejen en paz”, que es la peor de las escenas. Si pretendemos hacer algo por mejorar la situación, deberíamos dejar de guardar silencio ante despidos, EREs u otros abusos que hemos visto durante estos años.

Esto pasa por acostumbrarnos a los procedimientos colectivos, a las movilizaciones (sorpresa, nosotros también somos trabajadores, no sólo narradores, ¡y tenemos intereses! ¡como las empresas mediáticas!) cuando son oportunas, dejar de ponernos de perfil ante situaciones injustas. Salir a la calle sin ningún tipo de complejo. Y de nuevo pienso en el cierre de La Verdad y lo poco o nada que hicimos. Estar en una determinada asociación, sindicato o colectivo no sirve de nada si no hay actividad, conciencia, si no se plantean estrategias u objetivos. Da igual el nombre que lleve, lo que cuentan son los actos. De nada sirve estar en un colectivo potente si es inmovilista.

En ese sentido, no deja de llamarme la atención, estos días (una vez más), algunas posiciones de la FAPE, primera organización profesional de periodistas del país. Esta vez, con personalidades del Gobierno dando las gracias a la prensa por su papel en el tema catalán. Viendo las portadas o los informativos de estos días, esto es, cuanto menos, sintomático. Curioso que a la presidenta le preocupe más que los jóvenes no sepan distinguir un medio de las redes sociales que la credibilidad de los mismos. Quizá por eso la gente joven se informa en las redes sociales —bien o mal—. En cualquier caso, hay multitud de colectivos, desde la Asociación de la Prensa de Madrid hasta la Unió de Periodistes Valencians, pasando por el Sindicat de Periodistes de Catalunya. Unos con mejores posicionamientos o más contundentes que otros, pues hay de todos los colores y para todos los gustos, como es obvio.

De nada sirve estar en un colectivo potente si es inmovilista

Es perentorio plantearse estas situaciones, funcionar como colectivo. Y aunque el oficio esté mal (¿cuánto hace que dejó de estar bien?), no desalentar a las nuevas generaciones de periodistas que se irán formando. Que se van a enfrentar a un panorama jodido, claro; como otras carreras de Ciencias Sociales que no acaban en sus salidas naturales. ¿Que hay muchas universidades que ofertan periodismo? Puede ser. En cualquier caso, la solución no es el mensaje apocalíptico que ya recuerdo que nos daban en la universidad y que veo actualmente en mi entorno. Hacen falta periodistas. Buenos periodistas, formados, con conciencia crítica, que hagan un periodismo responsable, pegado a la sociedad; lejos del que vemos estos días en los medios masivos, y que evite —o facilite, que es peor—, crear ciudadanos dóciles y pasivos.

Estos mensajes apocalípticos tienen su parte de razón, con el periodismo no te vas a hacer rico (salvo algún caso), y por supuesto el pretexto de la vocación no justifica tragar con tanta precariedad, ni debemos dejar que se justifique de esta forma. Precisamente quizá lo que deberíamos cambiar es el discurso que ofrecemos en la carrera y colectivos periodísticos. Hemos de ser realistas, por supuesto, pero hablar al mismo tiempo de las alternativas que hay para renovar el oficio, o la necesidad de organizarse colectivamente para evitar que la precariedad y los trabajos basura sigan aumentando —parece mentira que FOL sólo se dé en el instituto, ¿la gente de la universidad no tiene que trabajar?—. Más calle y menos tertulianismo. Más información sobre las herramientas que tenemos para defendernos.

Luchar contra las prácticas gratuitas requiere de mucha organización y trabajo colectivo

Y por supuesto, intentar que las universidades, como pueda ser la UMH, que tenemos cerca, no ofrezcan prácticas gratuitas. Hemos visto cantidad de ellas, sin ningún tipo de filtro, no remuneradas a pesar de desarrollar trabajo, o becas que sustituyen puestos laborales. Luchar contra esto requiere de mucha organización y trabajo colectivo. Concienciar a los y las nuevas periodistas, aunque sea a pequeña escala en nuestra ciudad, puede hacer que haya mayor responsabilidad con respecto a los puestos precarios y mejores condiciones generales. Ya tenemos las migajas contractuales de entrada; vamos a animar a toda esa juventud de las aulas a que salga de ellas con las ideas claras. Y si es huyendo de individualismos, algo que reina bastante, mejor.

Se ha hablado largo y tendido de la necesidad del periodismo con eslóganes que siempre quedan guay y se quedan en eso, en eslóganes. Bien, pues apechuguemos y pongámonos a la obra. Pongamos en valor el periodismo local y a los y las buenas profesionales que trabajan duro en él. Que esas nuevas hornadas no se mantengan impasibles ante las injusticias y se mojen; que tomen partido, pues ya se ve día a día el poder que tiene el periodismo. Precisamente si les desalentamos con mensajes de lo mal que está y que mejor estudiar otra cosa (como si todas las carreras ofrecieran salidas laborales espléndidas), dejando al periodismo como un mero hobby, sólo estudiarán periodismo aquellos que económicamente se lo puedan permitir. Y de ahí puede venir, en parte, la prensa acomodada y obediente (hablo a nivel nacional), dependiendo de a dónde mires, que hoy tenemos.

Pensemos en la responsabilidad que tenemos como asociaciones no sólo con nuestros derechos, también con los de quienes vendrán después y los que nos rodean; los mensajes que queremos lanzar y cómo podemos mejorar colectivamente. ¿Qué hacer? Reflexionemos. Pero sobre todo, actuemos. El primer paso es organizarse.

 

Anuncios

La APE cierra temporada con un retrato periodístico-antropológico de la España rural del siglo XXI

La periodista Virginia Mendoza presenta en Elche el libro “Quién te cerrará los ojos” con una conferencia sobre arraigo y soledad

La Asociación de Periodistas de Elche (APE) ha organizado la presentación del libro de la periodista Virginia Mendoza Quién te cerrará lo ojos el próximo sábado, 1 de julio, a las 12 horas, en la sala de eventos de Radio Elche Cadena Ser (Carrer Dr. Caro, 43). La entrada es libre hasta completar el aforo.

Se trata de un retrato de la otra España, la rural, la de las gentes arraigadas a la tierra que se quedaron en los pueblos resistiendo a la llamada del “desarrollo” y la de aquellas que, ahogadas por las ciudades, buscaron en ese mundo otra forma de vivir. La periodista y antropóloga ha trabajado sobre el terreno, recorriendo lugares y recopilando testimonios, escuchando para poder contar sus motivos y descubrir que hay más miradas.

Virginia Mendoza se formó en la Universidad Miguel Hernández de Elche y colabora con distintos medios de comunicación, como Papel, Píkara Magazine, Altaïr y Yorokobu. En ella conviven periodismo y antropología, especialmente en trabajos como éste y su anterior libro sobre Armenia: Heridas del viento. Crónicas armenias con manchas de jugo de granada. Ha sido finalista del Premio Internacional de Periodismo Colombine.

La APE cierra el curso con esta conferencia, en la que se combina periodismo, antropología y literatura, disciplinas hermanas que en Virginia Mendoza convergen ofreciendo una actualidad contextualizada, rica, llena de matices, difícil de observar a veces y que ninguna aplicación informática, programa o bot puede expresar… de momento. Ponemos así en valor nuestra profesión y reivindicamos para ella un espacio que contribuye a mejorar el conocimiento de nuestro mundo.

 

 

 

Periodismo, decisiones y crisis

Por Marina González

Una nueva promoción de periodistas se gradúa cada año en nuestra ciudad. Después de varios años de ritmo frenético, por fin se vislumbra el futuro esperanzador que tanto llevamos esperando. Elegir carrera, trabajos, exámenes, prácticas –sin remuneración o, en el mejor de los casos, mal pagadas-, el temido TFG y, por fin, eres periodista.

Quienes elegimos esta carrera lo hacemos, en la mayoría de los casos, más con el corazón que con la cabeza. Con el convencimiento de un futuro laboral complicado pero con altas dosis de idealismo. El mundo universitario, sin embargo, dista mucho de la realidad con la que te das de bruces muy pronto. Mientras los medios tradicionales viven una profunda crisis y la profesión demanda periodistas capaces de innovar, seguimos dedicando más horas a la maquetación de diarios en papel que al manejo de plataformas de publicación digital. Muchas asignaturas, como las cuatro psicologías que cursamos en la UMH, que, a pesar de su posible interés, tienen una relación mínima con el ejercicio de la profesión y no permiten ofrecer otras materias de Periodismo especializado que podrían ayudarnos a tomar decisiones.

Porque al final, todo se limita a nuestras elecciones. En mi caso, acabando el tercer curso, me encuentro sumida en un mar de dudas y de posibles posgrados. Como yo, muchos de mis compañeros y compañeras no tienen claro qué quieren o deben hacer cuando llegue el momento de graduarnos. ¿Qué diferencia hay entre un máster oficial o un título propio? ¿Es obligatorio seguir estudiando después de los años de carrera? ¿Desembolsar un mínimo de 8000 euros? ¿Encontraremos trabajo si pagamos el carísimo máster de El País?

En muchos casos nos plantamos a las puertas de la graduación sin tener claro si queremos hacer información económica, política o medioambiental. Nos vamos definiendo a partir del trabajo posterior y de, si las hacemos, las prácticas. Porque misteriosamente, puedes convertirte en periodista sin haberlas realizado. Esas prácticas, que en otras facultades de periodismo son curriculares y por tanto obligatorias, no lo son en la UMH. Si las haces puedes, eso sí, convalidarlas por créditos optativos que te quitan la oportunidad de cursar esas asignaturas especializadas que tanta falta nos hacen.

Y es que nadie, en el entorno universitario, nos ayuda a tomar decisiones, nadie nos cuenta las opciones que tenemos ni nos habla claramente del momento de crisis que vive el Periodismo y qué resquicios laborales podemos encontrar. Puedes tener más suerte, como cuando profesores maravillosos se esfuerzan por traer periodistas a clase a hablarnos de sus experiencias. Puedes tener menos suerte, como cuando la respuesta a la pregunta “¿pero y eso es así en el mundo real?” es un rotundo “yo no estoy aquí para hablaros del mundo real”. Con mayor o menor fortuna con el profesorado, no contamos con una figura que considero fundamental. Un orientador académico. Muchas universidades ofrecen servicios de inserción y asesoramiento en materia laboral, como podría ser el programa mentoring de la UMH. Sin duda, son iniciativas necesarias, pero, ¿qué sucede con quienes dudamos si seguir estudiando tras la graduación?

Esto, que sería esencial para cualquier carrera, se vuelve absolutamente necesario para un sector en crisis –o transformación- como el nuestro. En este año que me queda hasta conseguir el tan ansiado título, me esperan muchas listas de pros y contras, muchas búsquedas en google de “máster en Periodismo” y muchas conversaciones con profesionales a quienes considero referentes. Pero decida lo que decida, mis altas dosis de idealismo y yo estamos seguras de haber elegido una profesión dura, pero maravillosa e imprescindible.

 

Día Mundial de la Libertad de Prensa – Manifiesto APE

Hoy, 3 de mayo, es el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Un “día mundial” más de los que sirven para poner el acento en estas 24 horas sobre el concepto que se conmemora y que, desde la Asociación de Periodistas de Elche (APE), no podemos dejar que caiga en el olvido al día siguiente.

Por tanto, desde la APE, pretendemos que esta fecha sirva para reflexionar sobre una idea, la de la Libertad de Prensa, que trasciende mucho más allá de los medios de comunicación, de las y los periodistas que, en el ejercicio de sus funciones, cumplen con el derecho de toda la ciudadanía a acceder libremente a la información. Es la sociedad en su conjunto a la que afecta o se beneficia del ejercicio de esa libertad, por lo que es necesario su implicación también en este día.

Muchos serán los organismos que, a nivel estatal, publiquen sus respectivos manifiestos reivindicativos, por lo que, desde la APE, ponemos el acento en lo que más nos afecta: el ámbito local.

Se suele dar por hecho que esa libertad de prensa está más que garantizada dentro de un Estado democrático de Derecho. Nada más lejos de la realidad. Los intentos por parte de los diferentes poderes de controlar las informaciones que se difunden a través de los medios de comunicación son constantes. Se trata de una realidad a la que los y las periodistas nos enfrentamos cada día, y de forma mucho más cercana de lo que cabría imaginarse y esperarse. Somos muchos profesionales de la información a quienes se intenta condicionar y amedrentar para que sus informaciones adquieran el enfoque que al poder de turno interesa, tratando de imponer “su verdad” por encima del enfoque o criterio profesional.

Lamentablemente, ésta no es la única amenaza de la libertad de prensa. Recortes en las plantillas, escasez de recursos, contratos precarios… La profesión atraviesa, desde hace varios años, una crisis que no puede quedar al margen de las reivindicaciones de hoy. El resultado de las prácticas descritas también tiene consecuencias en la calidad de las informaciones que se difunden. La falta de medios y personal para ejercer las labores informativas desencadena en una inevitable carencia de la calidad de las mismas. Por no hablar de los “medios sin periodistas”, que proliferan de forma alarmante en esta “era digital”, el intrusismo, el cierre de medios o la dependencia de muchos otros (económicamente hablando) de los poderes de los que reciben esas presiones.

Pero aún hay sitio para la esperanza. La explosión digital da un aire de optimismo en cuanto a la aparición de nuevos proyectos liderados por profesionales de la información, son cada vez más los periodistas que se atreven a emprender. Para su subsistencia, es necesario el apoyo de esa sociedad a la que van dirigidos, algo que también queremos reivindicar en este día. La información no es gratis, y para garantizarla, es necesario que la sociedad en su conjunto lo entienda.

Por todo ello, desde la APE insistimos en reivindicar la libertad de prensa, sin pasar por alto el reconocimiento de los compañeros y compañeras que cada día ejercen su labor de forma ejemplar, imponiendo el rigor, la independencia y la calidad en sus informaciones. Para las y los profesionales de la información, la libertad de prensa es una obligación; para el resto de la sociedad, un derecho que debe respetar, conservar y fomentar.

La APE y Amnistía Internacional Elche se unen para celebrar el Día Mundial de la Libertad de Prensa

Las organizaciones acogen este viernes al periodista hondureño exiliado en España, Milthon Robles, y proyectarán el documental Pressionados sobre la violencia contra la prensa en América Latina

La Asociación de Periodistas de Elche (APE) y el grupo local de Amnistía Internacional (AI) conmemoran esta semana el Día Mundial de la Libertad de Prensa que se celebra cada año el 3 de mayo. Para ello, han organizado varios actos con los que, en particular, tratarán de visibilizar los riesgos a los que se exponen los profesionales de la información en los países de América Latina y Centroamérica.

Este miércoles 3 de mayo, a las 20:30 horas, tendrá lugar un cinefórum en la sede de Amnistía Internacional Elche, calle Sant Pere, 9. Se proyectará el documental Pressionados, elaborado por Univisión, en el que se abordan las amenazas a la libertad de prensa en países de América Latina como México, Brasil o Argentina, donde los periodistas ejercen su labor en un contexto de corrupción, concentración de poder, violencia e impunidad.

Por otra parte, el viernes 5 de mayo, a las 20:30 horas, la APE y AI acogen en la sala de conferencias de Radio Elche Cadena SER al periodista hondureño Milthon Robles. Robles impartirá la charla “Libertad de prensa y violencia en Honduras: experiencias de un periodista en el exilio”.

En sus 20 años de profesión, Milthon Robles ha destacado por sus denuncias de la corrupción y el crimen organizado en Honduras, especialmente a través de su programa de radio Centro Informativo, en una emisora de San Pedro Sula. Debido a su actividad ha sido reiteradamente amenazado. Tras ser secuestrado se vio obligado a abandonar su país y desde finales de 2016 reside en España.

Milthon Robles, una historia de activismo y amenazas

“Desde la perspectiva europea todo esto [la violencia generalizada] se ve como delincuencia común, pero en realidad es crimen organizado”, asegura el periodista Milthon Robles al referirse a la percepción sobre la situación en Honduras que se tiene fuera del país. Obligado a salir su país tras recibir amenazas y sufrir varios atentados y un secuestro, recaló en España hace apenas unos meses.

Con casi 20 años de ejercicio profesional en prensa, televisión, medios digitales y radio, Milthon Robles se ha distinguido por denunciar la corrupción y el crimen organizado, y por su actividad de defensa de la libertad de información.

En su programa Centro Informativo, en una emisora de radio de San Pedro Sula, informó sobre el ‘impuesto de guerra’, un tipo de extorsión que se cobra en el sector del transporte público y a los pequeños negocios en ciertas zonas de América Latina y especialmente, en Honduras.

Empezó a recibir amenazas, telefónicas y cara a cara, advirtiéndole de que lo vigilaban y de que su vida corría peligro por sus críticas al gobierno y a los grupos antisociales. Un vehículo intentó atropellarlo en plena calle y, en otra ocasión, le apuntaron con un arma de fuego desde otro.

Ya había recurrido a organizaciones de apoyo a periodistas cuando tres hombres lo secuestraron a la salida de un centro comercial: lo obligaron a subir a un vehículo, lo maltrataron y lo amenazaron con represalias e incluso con matarlo. Como a muchos otros periodistas amenazados y acosados en el mundo, a Milthon Robles sólo le quedó la vía del exilio.

 

 

 

La APE acoge la presentación de El Salto: un nuevo proyecto de periodismo cooperativo

Más de 20 proyectos periodísticos conforman una iniciativa colaborativa que aglutina a profesionales y medios de distinta índole

El viernes 24 de marzo, a partir de las 20 horas, la Asociación de Periodistas de Elche (APE), dentro del ciclo de conferencias ‘Periodismo del S.XXI’ acogerá la presentación de El Salto: una alianza de más de 20 proyectos periodísticos de diferentes territorios, temáticas y soportes. La presentación correrá a cargo de los periodistas Ter García y Tomás Muñoz. El acto tendrá lugar en el Salón de Actos de Radio Elche, en la calle Doctor Caro, 53. Como siempre, la entrada será libre hasta llenar el aforo.

El Salto es una iniciativa que trabaja por un periodismo “que no dependa económicamente de la publicidad de las grandes empresas ni de gobiernos; un periodismo de calidad y riguroso; un periodismo que busca cooperar con proyectos afines en vez de competir”.

Una web común y una publicación mensual en la que los profesionales comparten recursos, ideas, coberturas e investigaciones conjuntas. Definido por sus creadores como “un medio de medios”, El Salto está participado, entre otros, por medios como Diagonal, Bostezo, Pikara Magazine, la revista Pueblos y colectivos que realizan proyectos periodísticos audiovisuales como Siberia TV, Galiza Ano Cero o el Colectivo Burbuja. Se trata de una iniciativa que está abierta también a nuevos proyectos y colaboraciones.

Periodismo 2.0: ¿crisis o transformación?

Por Marta Alted

Lo llaman crisis del cuarto de vida, aunque puede darse entre los 21 y los 30 años, especialmente entre los jóvenes que han cursado estudios universitarios. Inseguridad respecto a los logros obtenidos hasta el momento, miedo al fracaso laboral, angustia ante un futuro incierto, frustración… ¿No os recuerda un poco a la profesión periodística? Es el momento de recapitular, analizar la situación y plantearse a dónde queremos llegar en este pequeño universo de precariedad, despidos y presiones de todo tipo.

La existencia de prácticas no remuneradas, promovidas en gran parte por las propias universidades encargadas de formalizarlas, es el primer escollo al que se enfrentan los futuros periodistas. Más tarde y título en mano, esta praxis se perpetúa. Luego llegan nuevas dificultades como la búsqueda de un contrato y salario dignos que nos permitan emanciparnos y seguir desempeñando nuestra actividad.

Varios años después de terminar la carrera muchos nos encontramos en una tesitura muy diferente a la que esperábamos, tanto los “eternos becarios” como los que han encontrado mayor estabilidad, dentro o fuera del sector. Ni que decir tiene que los que todavía están en paro se replantean una y otra vez salidas profesionales alternativas o incluso un cambio de rama de estudios. Y es que el periodismo a veces te encamina hacia otras áreas alejadas de los medios de comunicación tradicionales. Esos con los que fantaseabas y donde imaginabas publicar tu primer reportaje.

La comunicación sigue siendo uno de los motores más potentes de nuestra sociedad, ya sea analógica o digital: en instituciones, empresas, ONG, asociaciones. De los editores de contenidos depende que los mensajes sean veraces, claros y coherentes, a pesar de que hoy en día la inmediatez se erige en nuestro principal enemigo a la hora de proporcionar rigor a la información. Es aquí cuando se encrudece el debate sobre jóvenes profesiones que están en auge, como la del community manager o el social media manager (puestos con  diferencias que todavía no están demasiado claras ni siquiera entre los que desempeñan sus funciones), a menudo ejercidas por la misma persona.

Quien está detrás de un perfil social, un blog, una web o una revista digital elabora contenidos y unifica la comunicación de la empresa o institución para la que trabaja. Un periodista formado entiende el poder que tienen las palabras y les da el valor que merecen. De ahí que sea tan importante la elección de quiénes van a formar parte de nuestro departamento de comunicación, evitando el nepotismo que caracteriza a numerosos organismos públicos y el trillado “las redes sociales de mi empresa las lleva mi sobrino”.

Al margen de las crisis (generales, como la económica; más concretas, como la del periodismo; o personales, como las de edad) los periodistas debemos aceptar la evolución de nuestro oficio y ampliar horizontes con las nuevas vertientes que van surgiendo, especialmente en torno a internet. Esta situación no implica ningún tipo de fracaso, ni siquiera intrusismo laboral. Al contrario. Supone el enriquecimiento de una profesión que ha sido dañada por un ataque constante a su credibilidad y reputación, pero que precisamente por ello merece la pena seguir ejerciendo y defendiendo con cada palabra.