Desinformación por coronavirus

abcideologiadulce

Por Sandra Morell Alemany

En estos días tan extraños y convulsos de confinamiento por coronavirus no puedo creer lo que veo. Podía esperar algunas cosas, aunque no imaginaba la irresponsabilidad y la falta de escrúpulos de algunos medios “de comunicación” a los que llamaría medios “de difusión de bulos”. Eso no es periodismo, es bulocracia y mata a la información.

Sé que hay muchos profesionales que son honestos y rigurosos con la información, pero el ruido que hacen los otros es insoportable porque cuentan con la colaboración de grandes medios para esparcir sus mentiras o medias verdades y crear odio, miedo y crispación en una sociedad que está atravesando una situación terrible. Además, la bola engorda a través de la redes sociales y se difunden mensajes falsos y capciosos.

Un ejemplo son las publicaciones de algunos medios o periodistas durante esta emergencia social. En la primera imagen se muestran dos portadas de ABC, una referida al Covid-19, de abril de 2020, y otra sobre el rescate a la banca de 2012. Para informar sobre medidas sociales ante el coronavirus, utiliza la palabra “alud”, algo que arrasa con todo a su paso. Sin embargo, la ayuda a la banca es un “dulce rescate”. Las palabras se usan con clara intencionalidad: a los bancos se les rescata dulcemente, mientras que rescatar a las personas significa imponer ideología. Rescatar a la gente es ideología y rescatar a la banca es justo y necesario.

eleconomista_alemaniayvenezuela_

indaridiculo

La segunda imagen es de elEconomista.com. Aparecen dos noticias contrapuestas en las que se observa que depende de quién proponga unas medidas similiares, son buenas o malas y se cuentan de una manera u otra. El tercer ejemplo es un bulo que difunde Eduardo Inda, desmentido por el Parlamento Europeo. Este periodista tiene 169.000 seguidores en Twitter, 169.000 personas que reciben el bulo como si fuera información veraz. Sigue el principio de miente que algo queda. Y eso no es periodismo, por mucho que se empeñen.

 Estamos presenciando un uso de los medios de comunicación que responde más al partidismo, la falacia y al todo vale, que a la función y responsabilidad social del periodismo. ¿Dónde queda la ética, el rigor informativo, la veracidad, las voces expertas?¿Dónde queda la información? El periodismo es un servicio esencial que no podemos ensuciar.

 Es indecente pretender imponer los intereses privados disfrazándolos de información, sin importar el miedo, la psicosis y el caos que se crean en una sociedad al borde del colapso en la que las personas más vulnerables se han vuelto a quedar sin nada. Eso no es periodismo. Eso no podemos permitirlo.

Informar sobre el coronavirus

Per la nostra funció de servei públic, el paper del periodisme és clau en aquesta situació d’emergència social deguda a la Covid-19. Per això, tenim la responsabilitat d’informar amb rigor i diligencia professional amb veus expertes i diverses, recollint informació veraç i d’utilitat i sense crear alarma social.

Vos compartim un text de la revista de divulgació científica de la Universitat de València, Mètode, que recull algunes indicacions per a les cobertures informatives. Segons l’article, les informacions han de ser clares, rigoroses i coordinades, cal buscar les fonts adecuades, comunicar en clau col·lectiva i trobar l’equilibri entre l’alarmisme i l’excés de positivisme.

Com informar sobre el coronavirus? Divulgació en temps de crisi  Diana Moret i Soler, Mètode UV, 23/03/20

Así aprendí a ser periodista

Rueda de Prensa de Narcís Serra en PSOE Elche- Elecciones Europeas junio 1994
Rueda de prensa de Narcís Serra en Elche, 1994 / José García Domene

POR DOMINGO LÓPEZ

Empecé a estudiar Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) el año que murió Franco; sí, ese al que ahora algunos intentan “resucitar”. Por eso, a finales de 1975 y durante buena parte de 1976, todavía era habitual encontrarse por los pasillos de la universidad a parejas o grupos de “grises” retirando carteles o disolviendo, porra en mano, alguna que otra reunión o asamblea de estudiantes. En este ambiente de explosión de libertad aún reprimida aprendí lo que era el lead o entradilla de una noticia, la fórmula de las cinco W (What, Who, When, Where, Why) y una H (How), es decir, el qué, quién, cuándo, dónde, por qué y cómo, que siempre deben responderse en una información para que ésta sea completa y las pautas, y normas básicas para la correcta redacción periodística. 

También conocí cómo se organizaban las distintas secciones de un periódico y me explicaron las claves para hacer un reportaje en sus diversas variantes o para plantear una entrevista; todo siempre acompañado de mucha teoría sobre los medios de comunicación,  Marshall McLuhan (el de el medio es el mensaje), Umberto Eco, la semiótica de la comunicación de masas, ética periodística, algo de economía, política, relaciones internacionales, la comunicación en el ámbito de la publicidad, etc., etc. Incluso tuvimos la oportunidad de hacer unas pequeñas prácticas de radio y televisión en los estudios que la UAB inauguró casi al final de los cinco años de carrera. Algunos de mis profesores, como Lluís Bassets, siguen hoy activos en medios como el diario El País. Otros, es el caso del ya desaparecido Iván Tubau, han dejado una profunda huella en el periodismo cultural de prensa escrita y televisión. 

Durante toda la carrera, y con la excepción de puntuales trabajos que nos encargaban los profesores a lo largo de cada curso, no tuve la oportunidad de realizar prácticas en ningún medio de comunicación. Eso sí, trabajé muchos fines de semana de caddie en el club de golf de San Cugat del Vallés; y en los veranos, me dediqué a recoger melones en el campo de Murcia o a poner copas en un pub de mi pueblo, Alcantarilla. Hasta me atreví un año a hacer la vendimia por tierras francesas. Necesitaba pasta y entonces la opción del repartidor de Telepizza aún no había llegado.

Así que, de pronto y casi sin darme cuenta, me veo con la carrera acabada y en posesión del título de Licenciado en Ciencias de la Información. Ya era periodista. Eso pensaba yo, pero la sensación que tuve cuando dejé la facultad era parecida a la que experimenté cuando me saqué el carné de conducir: había aprobado el examen, sí, pero no me atrevía a coger un coche y mucho menos a circular por una gran ciudad. Es decir, me faltaba lo esencial: práctica y rodaje.

En mi caso, y para ponerlo aún más complicado, mis primeras experiencias “periodísticas” fueron en una publicación comercial gratuita. Me harté a escribir reseñas publicitarias y publirreportajes al dictado, pero eso no era periodismo. Para que el circuito se fuera completando, poco después tuve la oportunidad de trabajar como corresponsal del diario La Verdad y de Radio Nacional de España (RNE) en Alcantarilla.

En la facultad no me habían enseñado cómo tratar a los políticos y, por mucha teoría recibida, tampoco me habían dicho cómo evitar pillarme los dedos con algunas informaciones.  De modo que la primera consigna que me dio mi redactor jefe de La Verdad fue: “Tú cuando llames a un concejal por teléfono empieza tuteándole y recalca la fuente todas las veces que sea necesario en la información”.

Y como suele ocurrir en todos los pueblos (y diría que, incluso, en muchas ciudades), dado que los ayuntamientos suelen ser los entes generadores de la mucha o poca información diaria, en ese periodo pude comprobar las dificultades y trabas con las que se encuentran los corresponsales de pequeñas localidades para obtener noticias. Era frecuente tropezarme en plena calle o en una cafetería con esos concejales y políticos con los que trataba, momento que aprovechaban para echarme la bronca porque lo que había salido publicado ese día (en especial el titular, que te lo había cambiado el redactor jefe) no era de su agrado. Por muchas explicaciones que dieras, sabías que se te había cerrado una puerta durante una buena temporada. 

Total, que entre la corresponsalía, colaboraciones en la Hoja del Lunes de Murcia, la aventura de poner en marcha Radio Alcantarilla, además de otras experiencias en publicaciones de carácter semanal, buena parte del rodaje estaba ya culminado y el diario La Verdad me ofreció un contrato de redactor en su delegación de Elche. Aquí vine para trabajar durante algo más de tres años cubriendo todo tipo de acontecimientos y cogiendo cada vez más “tablas” hasta el punto de atreverme con la elaboración, de vez en cuando, de artículos de opinión. Y tengo que agradecer al delegado de La Verdad de entonces, Arturo Andreu, que me animara a compaginar la información con la opinión, sabiendo en cada momento qué estaba haciendo y las diferencias entre una y otra.

Más tarde trasladé los trastos al diario Información, medio en el que he desarrollado la parte más extensa e importante de mi vida laboral y donde desempeñé labores informativas prácticamente en todas las secciones, si bien en una última etapa me centré más en la información económica y política.

Pasar por las distintas secciones de un periódico es probablemente la mejor forma de convertirse en un “todoterreno”, una especie de profesional del periodismo en fase de extinción. Te da una visión mucho más amplia de la realidad social, te permite conectar con muchos más colectivos ciudadanos (potenciando tu agenda de contactos) y adquieres resortes en la redacción periodística para atender cualquier evento, sea del tipo que sea, de una forma más que digna. 

Llegado a este punto, y para entrar un poco en la polémica suscitada al decidir la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) suprimir la disposición adicional que permitía, con carácter excepcional, la admisión como socios de quienes, sin tener la titulación de Periodismo, Comunicación o Comunicación Audiovisual, ejercen el periodismo como principal medio de vida, diré que el título certifica que has recibido una formación y que, supuestamente, estás preparado para ejercer la profesión, pero no te acredita como periodista. Y me voy al Diccionario de la Lengua Española para buscar el término ACREDITAR:  hacer digno de crédito algo, probar su certeza o realidad, afamar, dar crédito o reputación, dar seguridad de que alguien o algo es lo que representa o parece. Éstas son las tres principales acepciones. 

Como en todas las profesiones, la de periodista se puede desempeñar con mejor o peor criterio, actitud y competencia. En mi caso, la práctica y el trabajo jornada tras jornada en una etapa en la que todavía no habían irrumpido con fuerza las nuevas tecnologías, ha sido lo que ha hecho sentirme periodista, no la posesión del título, aunque no reniego por ello de lo que aprendí en la facultad. Luego está la cuestión de la ética periodística, algo que, en mi opinión, se ha devaluado mucho en los últimos años con demasiados casos de periodistas o pseudoperiodistas con pocos escrúpulos, atrincherados en determinadas posiciones ideológicas y que optan por enarbolar banderas en detrimento de la necesaria objetividad informativa.

Si a esto unimos los efectos de la crisis en el sector, el deterioro de la profesión por la precariedad laboral y las exigencias de empresas que no ven más allá de contar los clics o pinchazos de una noticia en Internet, junto a la irrupción de las redes sociales como herramientas alternativas (con todo lo bueno y lo malo que tienen) a los medios clásicos, tenemos el cóctel completo que configura la realidad actual del sector. Una realidad marcada, como la política, por un preocupante descrédito de la profesión.

Comunicado APE: Cobertura informativa del asesinato machista en Elche

Desde la Asociación de Periodistas de Elche (APE) nos sumamos a la repulsa política y social manifestada en las últimas horas ante el asesinato machista ocurrido en nuestro municipio el pasado sábado, así como a las muestras de cariño hacia la familia y el entorno de la víctima. Además, queremos apelar a la responsabilidad de medios de comunicación y periodistas, para que aborden los hechos con la cautela, el rigor y la diligencia profesional que se nos exige. 

La violencia de género no es un suceso sino la manifestación más extrema de la desigualdad histórica entre mujeres y hombres; es un problema social de carácter estructural y global, que violenta la vida de las mujeres a diario a través de múltiples formas, en cuya erradicación periodistas y medios de comunicación tenemos la capacidad de intervenir. Por tanto, a propósito de la cobertura informativa de los últimos días, recordamos la importancia de dar contexto y profundidad a los hechos a través de informes, normativa y voces expertas en violencia de género y violencias machistas; no utilizar lenguajes y narrativas que oculten al agresor/es o la responsabilidad directa o indirecta de los mismos (las mujeres no “fallecen” solas, en todo caso “las fallecen”, es decir, alguien “las mata” o “las asesina”) así como las que culpabilizan a las víctimas o justifican su situación (“a los días de iniciar los trámites de separación”). Asimismo, recomendamos evitar enfoques y detalles morbosos, no usar datos que faciliten la identificación de la víctima y de su familia, (por ejemplo, su dirección) ni recoger opiniones del vecindario (“era muy buena”) sin aporte informativo alguno. Tampoco caer en asimetrías de género de tipo: revelar el nombre de la víctima, pero no nombrar al agresor. El honor de ella tendría que merecernos el mismo respeto y, por tanto, las mismas cautelas. 

Desde la APE seguimos insistiendo en lo necesaria que resulta la formación en perspectiva de género para periodistas y medios de comunicación, no sólo para informar adecuadamente sobre los asesinatos machistas, también para ejercer el periodismo sin sesgos androcéntricos y sexistas, de manera que podamos aportar a la sociedad el análisis y la reflexión que ayude a identificar, señalar y superar la violencia contra las mujeres. En ese sentido, animamos a los y las compañeras a hacer uso de los numerosos recursos de los que disponemos (la mayoría, gratuitos), ya sean decálogos y manuales de estilo (como el de la Unió de Periodistes, que presentamos en abril en Elche y del cual disponemos de ejemplares en papel para quienes lo soliciten), talleres (UMH, la Marea-Oxfam Intermón), cursos (Casa de la Dona – Ayuntamiento de Elche) y otras actividades que se proponen, incluso desde la APE, con este fin. 

#NiUnaMás #NiUnaMenos 

Periodismo 2.0: ¿crisis o transformación?

Por Marta Alted

Lo llaman crisis del cuarto de vida, aunque puede darse entre los 21 y los 30 años, especialmente entre los jóvenes que han cursado estudios universitarios. Inseguridad respecto a los logros obtenidos hasta el momento, miedo al fracaso laboral, angustia ante un futuro incierto, frustración… ¿No os recuerda un poco a la profesión periodística? Es el momento de recapitular, analizar la situación y plantearse a dónde queremos llegar en este pequeño universo de precariedad, despidos y presiones de todo tipo.

La existencia de prácticas no remuneradas, promovidas en gran parte por las propias universidades encargadas de formalizarlas, es el primer escollo al que se enfrentan los futuros periodistas. Más tarde y título en mano, esta praxis se perpetúa. Luego llegan nuevas dificultades como la búsqueda de un contrato y salario dignos que nos permitan emanciparnos y seguir desempeñando nuestra actividad.

Varios años después de terminar la carrera muchos nos encontramos en una tesitura muy diferente a la que esperábamos, tanto los “eternos becarios” como los que han encontrado mayor estabilidad, dentro o fuera del sector. Ni que decir tiene que los que todavía están en paro se replantean una y otra vez salidas profesionales alternativas o incluso un cambio de rama de estudios. Y es que el periodismo a veces te encamina hacia otras áreas alejadas de los medios de comunicación tradicionales. Esos con los que fantaseabas y donde imaginabas publicar tu primer reportaje.

La comunicación sigue siendo uno de los motores más potentes de nuestra sociedad, ya sea analógica o digital: en instituciones, empresas, ONG, asociaciones. De los editores de contenidos depende que los mensajes sean veraces, claros y coherentes, a pesar de que hoy en día la inmediatez se erige en nuestro principal enemigo a la hora de proporcionar rigor a la información. Es aquí cuando se encrudece el debate sobre jóvenes profesiones que están en auge, como la del community manager o el social media manager (puestos con  diferencias que todavía no están demasiado claras ni siquiera entre los que desempeñan sus funciones), a menudo ejercidas por la misma persona.

Quien está detrás de un perfil social, un blog, una web o una revista digital elabora contenidos y unifica la comunicación de la empresa o institución para la que trabaja. Un periodista formado entiende el poder que tienen las palabras y les da el valor que merecen. De ahí que sea tan importante la elección de quiénes van a formar parte de nuestro departamento de comunicación, evitando el nepotismo que caracteriza a numerosos organismos públicos y el trillado “las redes sociales de mi empresa las lleva mi sobrino”.

Al margen de las crisis (generales, como la económica; más concretas, como la del periodismo; o personales, como las de edad) los periodistas debemos aceptar la evolución de nuestro oficio y ampliar horizontes con las nuevas vertientes que van surgiendo, especialmente en torno a internet. Esta situación no implica ningún tipo de fracaso, ni siquiera intrusismo laboral. Al contrario. Supone el enriquecimiento de una profesión que ha sido dañada por un ataque constante a su credibilidad y reputación, pero que precisamente por ello merece la pena seguir ejerciendo y defendiendo con cada palabra.

En periodismo, hay que tomar partido… por la igualdad y la justicia social

Por Lorena Escandell Carbonell

La objetividad en periodismo no existe, como planteaba la compañera Cristina Medina en un post anterior. De una forma u otra, las y los periodistas tomamos parte en aquello de lo que informamos. Los medios de comunicación, también, por mucho que digan que no asumen como propias las ideas o las acciones de sus agentes colaboradores.

Cuando el diario Información incluye un anuncio sexista del D´Angelo Palace, que ofrece a las mujeres como objetos sexuales y promueve el (ab)uso de éstas, no sólo participa en una posible ilegalidad, ya que la publicidad sexista es ilícita según la Ley General de la Publicidad, también contribuye a normalizar la violencia de género y a legitimar el sistema de desigualdad social (patriarcado) que la genera.

Y no es todo. Esta práctica, más habitual de lo que debería, contradice los principios básicos de nuestra profesión, íntimamente relacionados con los derechos, libertades y valores democráticos (como la igualdad); compromete el ejercicio libre e independiente del periodismo en su propia redacción (¿van a denunciar otras posibles prácticas discriminatorias y/o delictivas de sus anunciantes?) y menoscaba la credibilidad y la honorabilidad del colectivo periodístico en su conjunto.

La esencia de la empresa informativa es social, de ahí que se le atribuya una serie de responsabilidades para con la ciudadanía. Por tanto, el interés general debería limitar la actividad económica de los medios de comunicación. El propio Código Europeo de Deontología del Periodismo del Consejo de Europa reconoce que ni la calidad de las informaciones u opiniones ni el sentido de las mismas deben estar mediatizadas por las exigencias de aumentar la audiencia o en función del aumento de los ingresos por publicidad.

Todo anuncio, toda imagen, todo elemento que aparece en los medios lleva implícito un mensaje, una información que el público decodifica e integra a su sistema de creencias y valores, y que el emisor, de algún modo, incluso simbólico, asume. Por eso, en los últimos años, algunos medios de comunicación, conscientes de su potencial socializador y en un ejercicio claro y real de responsabilidad social, han desarrollado códigos éticos de publicidad. La Marea, por ejemplo, no acepta anuncios sexistas, racistas o que menoscaben la dignidad humana, como los de prostitución. Han tomado partido, igual que el diario Información, salvo que el compromiso de los primeros es con la igualdad y la justicia social, con el periodismo, no con don dinero.

Hace unos días, el compañero David Bollero nos animaba a plantarnos contra los contenidos sexistas de las empresas informativas, hecho que comparto y defiendo, pues las equidistancias son tan injustas y dañinas como las mentiras, como afirmó la periodista Rosa Solbes en la última conferencia de la Asociación de Periodistas de Elche (APE). Deberíamos indignarnos, rebelarnos contra un sistema que nada tiene que ver con nuestra concepción del periodismo y que tanto nos perjudica. En mi opinión, hacer lo contrario no significaría precisamente ser objetivos o neutrales.

Normalizar el sexismo y la violencia, por acción u omisión, ayuda a sostener las estructuras de poder que crean la desigualdad, implica estar con las mismas élites que nos despojan de toda dignidad y humanidad, y dar la espalda a la gente, esa gente que espera tantísimo de nosotros.