Cómo conté el Camp d’Elx por las ondas

Teresita Quiles
Con Teresita Quiles, la poetisa del Vinalopó, en su casa de Matola.

JOSÉ RAMÓN ESQUINAS

Hace ya algún tiempo que me metí en una casa cochambrosa y llena de poesías colgadas de las paredes. Eran de la poetisa del Vinalopó, Teresita Quiles, una octogenaria que tuvo la oportunidad de marchar a Madrid a estudiar siendo una niña y no lo hizo por imperativo de su madre, que temía lo que pudieran decir de ella los vecinos. En su pequeña morada de Matola, que compartía con su nieto, me refugié de la realidad entre sus versos por algo más de una hora y, cuando salí de aquellas cuatro paredes, comprendí que hay historias enterradas por el paso del tiempo que te topas en el camino inesperadamente y que hacen falta, me hacían falta.

Ésta fue una de las 400 personas del Camp d’Elx a las que entrevisté al azar a lo largo de un año y medio de travesía por el campo ilicitano. Han pasado ya tres, y puedo decir que ha sido unas de las experiencias periodísticas más placenteras que nunca he vuelto a vivir. Un recorrido por las pedanías era una serie de 29 reportajes radiofónicos semanales de 35 minutos que se emitían cada domingo en el programa Los fines de semana de TeleElx Radio Marca, donde colaboré más de dos años. Los libros de Baltasar Brotons me ayudaron mucho en el camino, ya que fue uno de los veteranos que mejor han reflejado la evolución del campo. Por eso también aproveché para orquestar un homenaje a título póstumo con vecinos allegados a él. También recuerdo el emotivo homenaje al artista Paco Viudes o al hotel de Arenales en sí, recreando cómo eran las instalaciones en los años sesenta a través del testimonio de María Sabater, la viuda del constructor que levantó este icono que lleva muchos años agonizando en primera línea.

Esta aventura local me dio otra perspectiva de todo. Sobre todo me hizo plantearme por qué el ser humano tiene ese ansia de viajar hacia límites insospechados si no conocemos al vecino que vive al lado. La misión era, también, lograr que residentes de otras pedanías o de ciudad empatizasen y conocieran costumbres próximas que en conjunto hacen grande a Elche, teniendo en cuenta que el grueso del término municipal es terreno rústico.

Doy gracias de haber podido tocar muchos timbres y haberme tomado muchas infusiones al cobijo de esa buena gente del campo para conocer por qué viven, dónde viven, qué inquietudes y miedos los acompañan cada día… Doy gracias también por haber sido fuerte de voluntad cuando en otros sitios no me abrieron la puerta, cuando no sabía dónde ir y hacía kilómetros y kilómetros con mi pequeña Opel Combo buscando historias que mereciera la pena contar, que me llevasen a los años cincuenta cuando los novios se hacían novios en los cines al aire libre y cuando la aprobación de los padres era esencial. O historias de superación.

El trabajo era completo, porque después de almacenar horas y horas de testimonios en la grabadora donde había de todo (desde un experto en Historia contando los orígenes de la torre de Carrús hasta vecinos indignados porque se sienten olvidados por la Administración), llegaba la parte en la que el Adobe Premiere y yo nos veíamos las caras. Una línea de tiempo y 35 minutos para hacer viajar al oyente. La postproducción es esencial. Sonidos de campanas, violines o del arado en el campo acompañan al mensaje y lo hacen más fuerte para introducir a todas estas familias, que sin tener nada que ver las unas con las otras, contaban su vida desde su prisma.

Esta experiencia me ofreció la capacidad de orientarme y conocer el entorno. Desconocía la cantidad de pedanías que hay en Elche cuando me encargaron la tarea, y eso que me he criado en una, en Torrellano Alto, que no Torrellano Bajo, que es otra, para quien no lo sepa.

Camp d'Elx
Protagonistas de la serie Un recorrido por las pedanías, de TeleElx-Radio Marca

En aquellos tiempos tenía mínimas tablas en esta profesión. Era un recién graduado que necesitaba un soplo de aire que lo hiciese reaccionar y servir de altavoz de infinitas personas que nunca tienen su sitio en la radio, en la tele o la prensa porque damos sus testimonios como meras formas de vivir, y siempre le damos más espacio a la urgencia, al representante, a la autoridad, convirtiendo al final el mensaje en homogéneo y sin novedad. Estoy orgulloso de haber contado tantas formas diferentes de vivir y de haber llorado con ellas. Gracias Teresita Quiles en representación de todas esas mujeres y hombres que me trataron con tanto cariño y con esa suave admiración de “un periodista quiere conocernos”. Este fue otro motivo que me dio para pensar que no podemos alejarnos de la gente porque entre todos construimos el relato y separarnos sólo conlleva que el ciudadano de a pie nos relacione con otras esferas, y dude.

Con todo ello aprendí que el periodismo es la calle. Es escuchar, palpar, entender y empatizar. Hace algo más de cuatro años que tengo un papelito más grande que un Din A3 firmado por el Rey que dice que soy graduado en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche. No entraré en el debate sobre cuánto nos prepara asistir a clases teóricas y carentes de práctica durante cuatro años, pero gracias a ese paso puedo decir que he sido testigo “acreditado” de historias sobrecogedoras del campo ilicitano, y sólo a 10 kilómetros de casa.

En cuanto a mi trayectoria, durante el tercer curso de Periodismo, compaginé por primera vez clases con prácticas en verano en TeleElx, la que en ese momento era la única tele local en la ciudad (saludos a los compañeros de Elche 7TV). Después de cubrir ruedas de prensa y realizar algún que otro reportaje descubrí que este podía ser mi camino. Todos los días llegaba a casa extasiado, transmitía a mi familia tanta felicidad al ver que al final le había encontrado sentido a la carrera que la sonrisa nunca se me desdibujó aquel verano. Lo más reconfortante vino después, cuando me propusieron colaborar en el mismo grupo de comunicación pero esta vez en la radio, colaborando como reportero en un magacín de fin de semana. Ahí las pedanías alcanzaron su espacio de reivindicación y mostraron su identidad, o esa fue, al menos, la intención.

Después acabó el proyecto con este magacín y nunca más se retomó, toda una lástima. Con incertidumbre por no saber hacia dónde tirar y sin ningún quehacer, me dediqué a estudiar inglés y diseño gráfico, así como a grabar videos en Youtube para no perder esa conexión entre la cámara, la gente y los relatos, bajo el nombre #Esquinasheterocromicas (canal que me gustaría reactivar y no he encontrado momento).

Trabajando en un un rent a car y durante ese periplo recibí la oferta de colaborar en el diario Información Elche, hace ya algo más de dos años. Renuncié a entregar y ordenar coches y desde entonces cubro la actualidad de la comarca. Pero este es un berenjenal en el que me gustaría meterme en otro momento para contaros, ya que el chip en este trabajo es completamente diferente al relato distendido del Camp d’Elx. Prima más la prisa, los cambios y hace falta mucha paciencia.

Así aprendí a ser periodista

Rueda de Prensa de Narcís Serra en PSOE Elche- Elecciones Europeas junio 1994
Rueda de prensa de Narcís Serra en Elche, 1994 / José García Domene

POR DOMINGO LÓPEZ

Empecé a estudiar Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) el año que murió Franco; sí, ese al que ahora algunos intentan “resucitar”. Por eso, a finales de 1975 y durante buena parte de 1976, todavía era habitual encontrarse por los pasillos de la universidad a parejas o grupos de “grises” retirando carteles o disolviendo, porra en mano, alguna que otra reunión o asamblea de estudiantes. En este ambiente de explosión de libertad aún reprimida aprendí lo que era el lead o entradilla de una noticia, la fórmula de las cinco W (What, Who, When, Where, Why) y una H (How), es decir, el qué, quién, cuándo, dónde, por qué y cómo, que siempre deben responderse en una información para que ésta sea completa y las pautas, y normas básicas para la correcta redacción periodística. 

También conocí cómo se organizaban las distintas secciones de un periódico y me explicaron las claves para hacer un reportaje en sus diversas variantes o para plantear una entrevista; todo siempre acompañado de mucha teoría sobre los medios de comunicación,  Marshall McLuhan (el de el medio es el mensaje), Umberto Eco, la semiótica de la comunicación de masas, ética periodística, algo de economía, política, relaciones internacionales, la comunicación en el ámbito de la publicidad, etc., etc. Incluso tuvimos la oportunidad de hacer unas pequeñas prácticas de radio y televisión en los estudios que la UAB inauguró casi al final de los cinco años de carrera. Algunos de mis profesores, como Lluís Bassets, siguen hoy activos en medios como el diario El País. Otros, es el caso del ya desaparecido Iván Tubau, han dejado una profunda huella en el periodismo cultural de prensa escrita y televisión. 

Durante toda la carrera, y con la excepción de puntuales trabajos que nos encargaban los profesores a lo largo de cada curso, no tuve la oportunidad de realizar prácticas en ningún medio de comunicación. Eso sí, trabajé muchos fines de semana de caddie en el club de golf de San Cugat del Vallés; y en los veranos, me dediqué a recoger melones en el campo de Murcia o a poner copas en un pub de mi pueblo, Alcantarilla. Hasta me atreví un año a hacer la vendimia por tierras francesas. Necesitaba pasta y entonces la opción del repartidor de Telepizza aún no había llegado.

Así que, de pronto y casi sin darme cuenta, me veo con la carrera acabada y en posesión del título de Licenciado en Ciencias de la Información. Ya era periodista. Eso pensaba yo, pero la sensación que tuve cuando dejé la facultad era parecida a la que experimenté cuando me saqué el carné de conducir: había aprobado el examen, sí, pero no me atrevía a coger un coche y mucho menos a circular por una gran ciudad. Es decir, me faltaba lo esencial: práctica y rodaje.

En mi caso, y para ponerlo aún más complicado, mis primeras experiencias “periodísticas” fueron en una publicación comercial gratuita. Me harté a escribir reseñas publicitarias y publirreportajes al dictado, pero eso no era periodismo. Para que el circuito se fuera completando, poco después tuve la oportunidad de trabajar como corresponsal del diario La Verdad y de Radio Nacional de España (RNE) en Alcantarilla.

En la facultad no me habían enseñado cómo tratar a los políticos y, por mucha teoría recibida, tampoco me habían dicho cómo evitar pillarme los dedos con algunas informaciones.  De modo que la primera consigna que me dio mi redactor jefe de La Verdad fue: “Tú cuando llames a un concejal por teléfono empieza tuteándole y recalca la fuente todas las veces que sea necesario en la información”.

Y como suele ocurrir en todos los pueblos (y diría que, incluso, en muchas ciudades), dado que los ayuntamientos suelen ser los entes generadores de la mucha o poca información diaria, en ese periodo pude comprobar las dificultades y trabas con las que se encuentran los corresponsales de pequeñas localidades para obtener noticias. Era frecuente tropezarme en plena calle o en una cafetería con esos concejales y políticos con los que trataba, momento que aprovechaban para echarme la bronca porque lo que había salido publicado ese día (en especial el titular, que te lo había cambiado el redactor jefe) no era de su agrado. Por muchas explicaciones que dieras, sabías que se te había cerrado una puerta durante una buena temporada. 

Total, que entre la corresponsalía, colaboraciones en la Hoja del Lunes de Murcia, la aventura de poner en marcha Radio Alcantarilla, además de otras experiencias en publicaciones de carácter semanal, buena parte del rodaje estaba ya culminado y el diario La Verdad me ofreció un contrato de redactor en su delegación de Elche. Aquí vine para trabajar durante algo más de tres años cubriendo todo tipo de acontecimientos y cogiendo cada vez más “tablas” hasta el punto de atreverme con la elaboración, de vez en cuando, de artículos de opinión. Y tengo que agradecer al delegado de La Verdad de entonces, Arturo Andreu, que me animara a compaginar la información con la opinión, sabiendo en cada momento qué estaba haciendo y las diferencias entre una y otra.

Más tarde trasladé los trastos al diario Información, medio en el que he desarrollado la parte más extensa e importante de mi vida laboral y donde desempeñé labores informativas prácticamente en todas las secciones, si bien en una última etapa me centré más en la información económica y política.

Pasar por las distintas secciones de un periódico es probablemente la mejor forma de convertirse en un “todoterreno”, una especie de profesional del periodismo en fase de extinción. Te da una visión mucho más amplia de la realidad social, te permite conectar con muchos más colectivos ciudadanos (potenciando tu agenda de contactos) y adquieres resortes en la redacción periodística para atender cualquier evento, sea del tipo que sea, de una forma más que digna. 

Llegado a este punto, y para entrar un poco en la polémica suscitada al decidir la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) suprimir la disposición adicional que permitía, con carácter excepcional, la admisión como socios de quienes, sin tener la titulación de Periodismo, Comunicación o Comunicación Audiovisual, ejercen el periodismo como principal medio de vida, diré que el título certifica que has recibido una formación y que, supuestamente, estás preparado para ejercer la profesión, pero no te acredita como periodista. Y me voy al Diccionario de la Lengua Española para buscar el término ACREDITAR:  hacer digno de crédito algo, probar su certeza o realidad, afamar, dar crédito o reputación, dar seguridad de que alguien o algo es lo que representa o parece. Éstas son las tres principales acepciones. 

Como en todas las profesiones, la de periodista se puede desempeñar con mejor o peor criterio, actitud y competencia. En mi caso, la práctica y el trabajo jornada tras jornada en una etapa en la que todavía no habían irrumpido con fuerza las nuevas tecnologías, ha sido lo que ha hecho sentirme periodista, no la posesión del título, aunque no reniego por ello de lo que aprendí en la facultad. Luego está la cuestión de la ética periodística, algo que, en mi opinión, se ha devaluado mucho en los últimos años con demasiados casos de periodistas o pseudoperiodistas con pocos escrúpulos, atrincherados en determinadas posiciones ideológicas y que optan por enarbolar banderas en detrimento de la necesaria objetividad informativa.

Si a esto unimos los efectos de la crisis en el sector, el deterioro de la profesión por la precariedad laboral y las exigencias de empresas que no ven más allá de contar los clics o pinchazos de una noticia en Internet, junto a la irrupción de las redes sociales como herramientas alternativas (con todo lo bueno y lo malo que tienen) a los medios clásicos, tenemos el cóctel completo que configura la realidad actual del sector. Una realidad marcada, como la política, por un preocupante descrédito de la profesión.

La era de los ‘prosumidores’ o productores en red. ¿Profesión periodística en riesgo de extinción?

prosumidor (1)

Por Antonio Sánchez Vicente 

A principios de los años 90 comenzaba a implantarse una nueva tecnología en los medios de comunicación social, principalmente en las emisoras de radio y TV, pero también en la prensa escrita. Recuerdo cuando en las emisoras musicales, el locutor o la locutora de turno, decía aquello de “estás escuchando música en sonido compacto y formato digital”, dejando claro a los oyentes que no escucharían aquel sonido tan particular que emitía la aguja cruzando el surco sucio o desgastado del disco. El vinilo daba paso, poco a poco, a un nuevo formato sonoro en el que, sin duda alguna, una nueva revolución tecnológica empezaba a ocupar terreno. Los ordenadores empezaron a sustituir a aparatos como los reproductores de cintas, casetes y cartuchos publicitarios.

En tan sólo una década la radio y la TV comenzaron a cambiar para sus seguidores, pero también la forma de trabajar. El perfil profesional del técnico de sonido pasó a ser historia en las pequeñas y medianas empresas del sector. A la vez que ocurría todo esto, la presencia de estudiantes de Periodismo o Comunicación Audiovisual comenzaba a ser cada vez mayor en los medios de comunicación. Cuando al fin todo parecía tranquilizarse en el sector, la expansión de Internet con los ordenadores personales, la telefonía móvil y las primeras comunicaciones en redes provoca un cambio significativo en la comunicación social.

Con el tiempo los avances tecnológicos dan paso a la era digital provocando que los medios de comunicación empiecen a sentirse amenazados por los nuevos hábitos de consumo en la sociedad. La prensa escrita pasa a leerse en formato digital, el papel deja de ser atractivo para una parte de la población que prefiere pasar las pantallas de sus dispositivos, a pasar las hojas. La llegada de plataformas musicales se convierte en una seria amenaza para la radio fórmula. De hecho, ya se puede hacer radio en directo en redes incluso de forma simultánea en varias a la vez. Y la emisión en streaming de nuevos formatos televisivos hacen que la TV a la carta sea una realidad.

Las redes sociales se convierten en serios competidores de los medios de comunicación y ante todo esto las empresas empiezan a subirse al carro. Incluso a la profesión periodística le sale un nuevo competidor, el prosumer o ‘prosumidor’: mitad productor, mitad consumidor.

El ‘prosumidor’, sin necesidad de pasar filtros ni códigos deontológicos, publica en redes haciendo uso de su libertad de expresión que le amparan las leyes. Y ese derecho fundamental que da sentido a una sociedad democrática cobra sentido sin que, en la mayoría de los casos, estas personas sean conscientes de ello. Pero, ¿quiénes son verdaderamente las personas ‘prosumidoras’?

La respuesta es bien sencilla, toda o casi toda la ciudadanía que no se encuentra afectada por la brecha digital y accede a diario a las redes sociales dando rienda suelta a su libertad expresión. Opinar y producir en línea es la base principal de este nuevo perfil. Los ‘prosumidores’ generan nuevos debates, incluso producen noticias con la publicación de fotografías y vídeos de creación propia.

Muchas de estas producciones también se reproducen en los medios de comunicación tradicionales al ser el único documento que puede dar valor a una noticia. Las autorías no son reclamadas (salvo en algunos casos) y los derechos de la propiedad intelectual no tienen especial interés entre una parte de estos nuevos productores. No importa la calidad de los documentos o archivos que se suben a la red, ni siquiera si se vulnera el derecho fundamental de protección de la personalidad, la intimidad, el honor o de la propia imagen.

La proliferación de las fake news (noticias falsas) o los grupos sociales que generan opinión entre el resto de la ciudadanía están dando un giro significativo al concepto de comunicación tradicional.

Los líderes políticos se pronuncian antes en las redes que en los medios y, dependiendo de la notoriedad de la noticia, ésta termina también en los medios tradicionales. Si a todo esto añadimos que ahora la producción en directo, tanto en formato de vídeo como en audio – el equivalente a la TV y la radio- es una realidad al alcance de todas las personas, los medios de comunicación social deben empezar a plantearse en serio la convergencia de sus contenidos a las múltiples plataformas y pensar en una nueva estructuración empresarial.

Y, en ese avance, los profesionales del sector también han de hacerlo. Sin duda alguna estamos ante un cambio significativo sin precedentes en la comunicación tradicional. Nuevos formatos y formas de consumo impensables hasta hace unos años se imponen a los métodos tradicionales.

La profesión periodística no puede quedarse cruzada de brazos. Dar la espalda a la realidad esperando la llegada de un tsunami tecnológico que arrase con todo no es lo más conveniente. Es tiempo de reflexión, de formación continua, de acción inmediata y de saber hacer las cosas tal y como demanda la sociedad actual. Todo va muy rápido y lo que tarda en contarse deja de ser actualidad. Innovar constantemente, mejorar los formatos que ya funcionan y dar un nuevo aliento al sector es necesario. Ahora no hace falta ser periodista para ser una persona influencer en la información. No perdamos el tren de la oportunidad ni de vista lo que está por llegar.

Antonio Sánchez Vicente es empresario de comunicación online y estudiante del Grado de Comunicación en la Universitat Oberta de Catalunya. 

Cuando no hay más salida que reinventarte: De la crónica al marketing

Por Esperanza Blanc

Echo de menos la radio. Echo de menos la radio y todo lo que implicaba trabajar en radio. Las prisas, los nervios y la concreción. Pero, sobre todo, echo en falta el micro y los auriculares, todo lo que me conectaba con el oyente y la noticia. Y eso que las últimas noticias que cubrí fueron muy duras: varios desahucios, violencia de género, la violación de una menor o el juicio a unos policías tras la muerte de un joven nigeriano en un avión. Vaya, el mundo apenas ha cambiado. Y yo soy periodista, aunque todavía me muestre confundida cuando me preguntan por mi profesión y me sienta obligada a dar explicaciones de mi devenir. Y, ni soy la primera que debe reinventarse y adaptarse a una nueva manera de comunicar, ni seré la última.

Porque el salto de la cobertura de la noticia a inventar fórmulas para que las marcas se comuniquen con sus públicos es como saltar una ola en la orilla del mar: te hace ilusión, te exige un esfuerzo y te pringa.

Evidentemente mi despido me dolió y el desaparecer del mapa mediático me asustó, pero la vida sigue y si algo tenemos los periodistas es capacidad de adaptarnos y de contar con herramientas para reclinarnos. Y de ahí vinieron las horas leyendo libros sobre publicidad, el target, los imputs, las influencers y aprender estúpidos vocablos anglosajones, ¡Con lo que yo era defendiendo la lengua de Cervantes! Y el aprendizaje continúa porque el marketing online, el big data, los CPC, CTR, CPA, CPM, CPL y todas las siglas que a alguien se le ocurra, vienen pisando fuerte y son una realidad en mi día a día.

Respecto a la ilusión que te hace saltar la ola, el encontrarme con un sector tan diferente, tan comercial, materialista y de fuegos artificiales, tuvo y tiene su puntazo de fantasía. Cierta fantasía, que me recuerda a algunas ruedas de prensa locales. Llegaron los nuevos compañeros:  creativos, diseñadores, programadores, estilistas, celebrities … modernos en definitiva a los que les importaba bien poco que yo estuviera indignada por el nuevo Plan General de Ordenación Urbana, por las escasas medidas contra el picudo o con el uso político del regreso de la Dama. Todo esto a mis nuevos compañeros se la traía al pairo. Y vi como mis conversaciones y preocupaciones viraban hacia un mundo centrado en convencer consumidores. Además, en este salto, iba a perder de vista a la clase política (¡toma!) para enfrentarme ahora al alto ejecutivo, empresario y a los divertidos directores de marketing (toma). A veces, sólo a veces, se cumple “el más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Es cierto que no he abandonado del todo los hábitos periodísticos: a primera hora del día leo la prensa y oigo la radio. Y si pasa algo, dícese elecciones, sucesos, declaración o foto morbosa, me uno al consumo de medios y redes sociales como la que más. Otra certeza es que no he abandonado las prisas, me da igual que ya no haya inmediatez en mi trabajo, yo sigo corriendo por la agencia como corría hacia el estudio porque no llegaba al directo. Mis compañeros ya se han acostumbrado.

Y para no faltar a la realidad, también puedo enumerar qué he podido aportar o aporto como periodista mujer en el día a día de una agencia. Con humildad, supongo que poco, parándome a pensar con detenimiento, he conseguido que, ante determinadas campañas o mensajes, mis compañeros me pregunten mi opinión buscando una mirada de género, por ejemplo. Otra cosa es que me hagan caso. Pero bueno al menos, el debate y análisis se consigue.

También, en este tipo de trabajos, el perfil del periodista ayuda a realizar otras lecturas empresariales o a perfilar mensajes más sociales dentro de las estrategias que planteamos para las empresas o marcas. Y sobre todo en un sector volcado hoy en día en la generación de contenidos de calidad y en las experiencias de marca, los periodistas tenemos mucho qué aportar. Sin duda el éxito de muchos de estos trabajos reside en que detrás hay un equipo interdisciplinar donde todas y cada una de las opiniones son consideradas.

Y de las ruedas de prensa de Mercedes Alonso, Alejandro Soler o Jesús Pareja, pasando por los ensayos generales del Misteri, la cobertura del Festival Medieval o el juicio del parricida de San José, hoy me veo contactando con el manager de Rafaela Carrá para un evento, haciendo una entrevista a Pasión Vega para una revista de Federópticos, en un pequeño pueblo cántabro con Jesús Calleja y 40 empleados de Phone House o preparando propuestas estratégicas con todas las siglas que os podáis imaginar.

Al fin y al cabo, soy periodista, me amoldo a todo.